El impacto del sujeto cultural en la novela española actual (1975-2000)

, por Annie Bussière

El impacto del sujeto cultural en la novela española actual (1975-2000)

Annie Bussière
Institut International de Sociocritique

El corpus seleccionado está constituido por las once novelas si-
guientes:
Juan Goytisolo: Makbara (1981), Las virtudes del pájaro solitario
(1988), El sitio de los sitios (1995)
Javier Marías: Todas las almas (1989)
Juan Marsé: El amante bilingüe (1990)
Juan José Millás: La soledad era esto (1990) Volver a casa (1990)
Antonio Muñoz Molina: Beatus Ille (1986), El invierno en Lisboa
(1987), Beltenebros (1989)
Manuel Vicent: Balada de Caín.

En un primer apartado, privilegio el análisis de algunas catego-
rías textuales: sujeto de la enunciación, personajes, comparaciones,
sintaxis y modalidades específicas de la escritura, para tratar de sa-
car a luz el sistema semiótico en el que están codificados los contor-
nos de la representación del sujeto cultural implicado.

Nótese primero que las estrategias textuales observadas en todo el corpus se organizan en torno a un juego de espejos y de difracciones. Tal es el caso de la instancia de enunciación cuya identificación viene problematizada por la alternancia de los relatos en tercera y en pri-
mera persona en El amante bilingüe de Juan Marsé, por ejemplo, con
la introducción del género epistolario en J.J. Millás (La soledad era
esto, Volver a casa
) y en la producción de Juan Goytisolo, donde la
escisión del sujeto aparece ya en 1966 (Véase en Señas de identidad el uso del yo y del tú) y perdura a lo largo de la obra. Por otra parte, el
juego de los pronombres personales es la clave de bóveda de la estra-
tegia de desorientación enunciada de manera explícita en un fragmento de Juan sin tierra, titulado yo/tú:

«mudan las sombras errantes en vuestra imprescindible horma huera, y hábilmente podrás jugar con los signos sin que el lector ingenuo lo advierta» (Juan Goytisolo, 1977).

Dicho proceso de confusión entre las personas contamina todas
las categorías textuales y, más especialmente, la representación del
tiempo, produciendo por ejemplo en El amante bilingüe un enuncia-
do agramatical del tipo de “Hoy se sentaba”, donde el presente de
narración coincide con el imperfecto. Edmond Cros (1995) ha señala-
do cómo funciona en Beatus Ille un proceso de confusión que afecta
al sujeto de la enunciación y contamina todas las categorías textuales
generando unos efectos que pueden compararse con el fundido en-
cadenado en donde llegan a confundirse, el uno con el otro, el perso-
naje y el narrador. Esta problematización de la identificación del na-
rrador hace desviar la búsqueda de la identidad hacia la encuesta
policíaca; así es como la intriga se construye en torno al asesinato del
personaje de Mariana y los distintos testimonios discrepan hasta el
momento en que coinciden todos para designar al autor del asesina-
to. Para Edmond Cros esta sistemática atañe a la estructura del texto
y es ésta la que convoca las coerciones de la novela policíaca.
Beatus Ille mantiene el suspense hasta la anagnóresis final en
que Minaya, que investiga para escribir la biografía del poeta repu-
blicano desaparecido, descubre que todos los indicios y documentos
que ha ido descubriendo a lo largo de su encuesta han sido forjados
por el impostor Solana. Simultáneamente el lector se entera de que el
narrador de Beatus Ille es el mismo Solana. Búsqueda de identidad,
encuesta, enigma policíaca funcionan sobre el mismo esquema (con-
fundir/enmascarar). Finalmente la novela se nos aparece como un
simulacro de novela policíaca en la que la no-coincidencia no deja de
cuestionar la coincidencia y socavar la búsqueda de lo verdadero, de
tal manera que el texto se desvanece en esos efectos ilusorios en
donde lo verdadero y lo falso vienen a confundirse.
Es el caso también en El sitio de los sitios, que pone en escena la
muerte de un misterioso viajero en un hotel de Sarajevo y la desapa-
rición del cadáver, siendo el único indicio un manuscrito encontrado
en una maleta. La biografía de este hombre, cuyas letras iniciales J.
G. sugieren un parentesco con el autor, es aquello que los co-lectores
de Las semanas del jardín (J. Goytisolo, 1997) tratan de reconstituir
en sus veintiocho versiones diferentes. Planteando el problema de la identidad de J.G/Eusebio, este relato coloca la encuesta sobre el personaje, el narrador y el autor en el centro de un juego de pistas inextricable en donde los testimonios contradictorios y complementarios ponen de relieve el elemento mórfico coincidencia/no-coincidencia que pertenece al campo morfogenético de todo el corpus.

En Volver a casa la trama se organiza en torno a la desaparición
del hermano gemelo de Juan, autor de una novela por acabar titulada
«Volver a casa». Juan sale a buscar a su hermano para recobrar su
propia identidad, que había cambiado antaño con la suya, e intercam-
biar de esta forma el papel de personaje, al cual resulta condenado
por el papel de autor del cual le ha despojado su hermano.
El esquema a modo de laberinto adoptado en todo el corpus con-
funde las pistas, posterga el resultado de la encuesta, difiere el desen-
lace del enigma, acumulando las digresiones y las bifurcaciones de lo
narrado, de donde el uso recurrente del paréntesis y el recurso a la
práctica del fragmento. En Juan Goytisolo, por ejemplo, el hilo de la
narración está sin cesar interrumpido y reanudado; la unidad del re-
lato se construye a partir de los fragmentos, proceso éste irónica-
mente puesto en escena en Paisajes después de la batalla, donde los
trozos del texto diseminados por una explosión inicial no se reúnen
nunca de manera definitiva conforme a un esquema ordenado y fijo.
De manera general, la difracción del sujeto (narrador, personaje)
está programada en la morfogénesis con la oposición entre el interior
y el exterior, el adentro y el afuera. Así es como en Millás el uso recu-
rrente de la focalización interna asociado con la escasez de diálogos
pone de manifiesto la no-coincidencia del sujeto con la realidad exte-
rior y su encarcelamiento en la fortaleza del cuerpo. J.C. Mainer des-
taca este fenómeno cuándo observa que la novela llamada postmo-
derna no refleja la sociedad y que su temática se reduce a unos pro-
blemas de identidad y de relaciones del personaje con su ámbito más
cercano. Comenta la importancia del espacio del cuerpo en Millas:
Las imágenes fisiológicas de Millás, creo que reflejan muy cla-
ramente el miedo a lo que está fuera, el miedo a salir al exte-
rior y la necesidad de volver a su interior, aunque el interior
sea dramático y terrible, pero bastante seguro. Esas inmersiones
de Millás por su propia fisiología expresan una incapacidad de
comercio con la realidad. (Mainer, 1998, pág.55)
El mismo Mainer califica a Javier Marías de “introspectivo y ensi-
mismado egoísta”.
El estatus de la realidad está constantemente cuestionado por los
personajes que evolucionan en campos limítrofes –entre vigilia y sue-
ño, entre recuerdos y realidad, entre razón y locura– a modo de un
border-line, de manera que una duda generalizada socava cualquier
posibilidad de sentar lo verdadero y resolver el enigma inicial. En
Beatus Ille, la memoria de Jacinto Solana introduce un filtro que cues-
tiona la coincidencia de los datos objetivos y de los recuerdos: "No
concuerda el tiempo exacto de los calendarios con el de la memoria".
(pág.44). El protagonista de Volver a casa, por su parte, "se hallaba
cerca de la frontera situada entre el sueño y la vigilia, en la trastienda
de la realidad". En Las virtudes del pájaro solitario (J. Goytisolo, 1986)
una pantalla de TV se interpone en el delirio del narrador protagonis-
ta tendido en su cama de enfermo, mientras que en La Cuarentena
(J. Goytisolo, 1991) el narrador, frente a la pantalla de su TV, incide
en el sueño y se pierde en él sin que vengan a ser explícitos estos
cambios ocurridos en el estatus de la realidad. Finalmente, estos es-
tados limítrofes derivan muchas veces hasta el delirio de la persecu-
ción (Beatus Ille, Volver a casa, El sitio de los sitios), bajo el efecto del alcohol en el caso de El amante bilingüe.
Hablando del uso de la comparación por Muñoz Molina, Geneviève
Champeau (1997, pág.107) subraya el juego de semejanzas y dife-
rencias que produce esta figura de retórica y la tensión permanente
entre los dos polos que se acercan el uno al otro sin confundirse ja-
más; sin embargo, para mí la coincidencia de los dos opuestos apare-
ce como una esencia o un valor auténtico que sirve de referencia,
pero que no se realiza nunca.
Esta semántica de la difracción en la que resulta rechazado lo
que podría existir se extiende, en Millás, al léxico que así la realiza
concretamente: des-componer, des-asosiego, des-esperación (Millás,
1990b, págs.125-126). Está presente, bajo otras formas, en las cons-
trucciones donde alternan ya y todavía, previsto y resultar, previsto y recuerdo, prevenido y después de (Marsé, 1999, pág.9) o también en la antítesis de La memoria futura (Muñoz Molina, 1986), y en otras tantas duplicatas en las cuales cada término evoca dos tiempos que
se presentan cada vez como desfasados el uno con arreglo al otro:
presente y futuro en ya, previsto, prevenido; presente y pasado en
todavía, resulta, recuerdo, después de, memoria. La misma semántica de la difracción se exhibe en el epígrafe de Muñoz Molina (1986):
Mixing memory and desire, donde se encuentra repetida una vez más
la coexistencia cuestionada de la inmanencia y de la remanencia; se
realiza también en la sintaxis que, privilegiando los giros adversativos
[la mitad vs la otra mitad, unos vs los otros, Millás 1988, pág.94] articulados por no...sino, sin embargo, introduce una escisión en el seno de la misma frase y genera una multiplicación de efectos
especulares. El uso de la comparación aumenta este fenómeno. Por
ejemplo, en Juan Marsé, el retrato de Norma –que, por otra parte, es
la copia de una foto– resulta escindido por el articulador adversativo,
lo cual pone de manifiesto la distancia entre el ser y el parecer y, por
consiguiente, la impostura de la máscara:

"una combinación extraña, tan difícil de explicar en Norma: no
que fuese fea, pero que lo pareciese –del mismo modo que no
parecía una mujer rica, y sin embargo lo era, y mucho... (pág.
55) .... Las gafas de cegata le daban un aire de puta desvalida,
sin recursos, pero esta aparencia era desmentida por la ten-
sión del cuerpo, el poder mayestático de los huesos. "(pág.102)

Los giros adversativos [no...pero, no...sino, ni...sin embargo], la
locución comparativa [del mismo modo que], el quiasmo que afecta
ser/parecer, conjugan sus efectos para instituir una microsemiótica
del simulacro.
En todo el corpus se dan unas modalidades de escritura que bo-
rran los indicios distintivos, especialmente entre el discurso directo y
el discurso indirecto [guiones, incisos, rayas...], y privilegian el dis-
curso indirecto libre, o sea, un discurso que media entre los dos dis-
cursos clásicos (directo e indirecto). El discurso directo es minoritario
y, las más de las veces, sólo produce un simulacro en el que un seudo-
diálogo devela su auténtica naturaleza de monólogo.

Lectura psicoanalítica

Difracción, confusión, fragmentación, regresión, etc., constitu-
yen pues otros tantos efectos producidos en todos los niveles textua-
les contemplados en la construcciones poéticas y narrativas más re-
currentes del corpus [viaje iniciático, figuras del doble, del laberinto,
del monstruo, de la máscara, del impostor, del hermano enemigo...].
Se trata de unos efectos producidos por un conjunto de nociones o
valores (sociales y morales) que constituyen un campo morfogenético
cuyo dinamismo viene, las más de las veces, impulsado por el funcio-
namiento de los dos opuestos coincidencia/no coincidencia. Ahora
bien, esta misma oposición se nos aparece como esencial y básica
cuando se analiza el proceso sicofisiológico de la fase del espejo des-
crita por Jacques Lacan, la cual representa la clave de la construc-
ción de la identidad.
Remito a la problemática del advenimiento del sujeto tal como la
plantea la teoría sicoanalítica a partir de un concepto céntrico, o sea
el mecanismo de inversión del narcisismo en paranoia. Para Jacques
Lacan, en efecto, en la fase del espejo vienen a coincidir dos tiempos
distintos de la formación del Yo: el niño contempla por primera vez su
imagen reunificada en el espejo; mientras que él sigue sintiendo su
cuerpo fragmentado, su propio reflejo le parece, al contrario, gozar
de un dominio total del suyo. Esta imagen lo fascina, se trata de la
imagen ideal de sí mismo, la cual alimenta su narcisismo, pero se le
presenta también como la representación de otra persona, como un
extranjero que lo domina y lo amenaza, por lo cual su narcisismo se
invierte en paranoia. La fase del espejo es una etapa decisiva en la
historia del sujeto descentrado que, en adelante, se siente como ena-
jenado con arreglo a sí mismo. De este drama entre la enajenación y
la subjetivización surge como consecuencia una discrepancia defini-
tiva entre el ser y el Yo. Este enfrentamiento entre el Yo y el Yo ideal
(la superposición en el espejo del Yo y de su reflejo) genera una riva-
lidad radical y el deseo de matar al otro. La presencia de un tercer
término (el ideal del Yo) es imprescindible para normalizar las rela-
ciones entre el Yo y su doble. Mientras que el Yo ideal es una proyec-
ción imaginaria, este ideal del Yo representa una interiorización sim-
bólica que se construye a partir del significante del padre y viene
constituida por el conjunto de los valores sociales vigentes en la so-
ciedad.

Nos consta, pues, que la fase del espejo se articula sobre el ele-
mento mórfico que hemos calificado de dinámico [coincidencia/no-
coincidencia o inmanencia/remanencia]; el niño en efecto se siente
todavía como fragmentado pero ya se percibe como un cuerpo reuni-
ficado. Caso de que no se haya superado, el componente negativo de
la experiencia acarrea una regresión en la constitución del Yo, un
déficit de subjetivizacion que produce la escisión del sujeto y genera
una serie de dobles y máscaras. El sujeto puede ser indiferentemente
Nadie, como Jacinto Solana en Beatus Ille o todos los demás; no tiene
una identidad fija; la pérdida del otro como parte integrante de sí
mismo constituye una herida sin remedio, como consta en todo el
corpus. El sujeto no reconoce su imagen y ésta se transforma en una
máscara amenazadora, en un impostor que usurpa la identidad del
sujeto y lo persigue.

Durante la fase del espejo, en la inversión del narcisismo en pa-
ranoia, surge la figura del hermano enemigo que señala una falla en
la construcción del ideal del Yo.

Hemos observado que la figura del doble viene generada por la
escisión del Yo que, en algunos casos patológicos de delirio de vigi-
lancia, coincide con una instancia crítica hipertrofiada. Este super-Yo
tiránico sustituye al ideal del Yo y opera por medio de la mirada. Aho-
ra bien, en todo el corpus contemplado hemos puesto de manifiesto
la presencia del ojo espía e inquisidor que acecha a su presa, la pre-
sencia también de la mirada tachada o tuerta y otros tantos elemen-
tos recurrentes que atañen a la percepción visual que hemos de in-
terpretar en el contexto de una construcción identitaria perturbada y
de una regresión a la vertiente negativa de la experiencia de la fase
del espejo, entendida como nostalgia del paraíso perdido y de los
territorios míticos de la relación fusional con la madre.

La instancia del super-Yo tiránico opera también en la melancolía
y, estrechamente asociado al narcisismo, señala un fracaso en la
construcción de la identidad, un funcionamiento pervertido del ideal
del Yo como mediación entre el Yo y el Yo ideal (Freud, 1998). La
pérdida de un objeto deseado y querido lleva a una identificación
total del Yo con este objeto introyectado bajo la forma arcaica de la
identificación oral; parte del Yo toma a la otra parte como objeto y la
censura por medio de reproches severos y autodestructores.
El corpus seleccionado ofrece una serie de sujetos que se han
refugiado en sus respectivas fortalezas narcisistas y frente a la pérdi-
da del ser querido reaccionan con un proceso de tipo melancólico:
Jacinto Solana en Beatus Ille, Joan Marés en El amante bilingüe, Juan
José en Volver a casa, el protagonista de El sitio de los sitios.

Lectura sociocrítica

Los efectos de la fase del espejo se articulan en última instancia
con unos fenómenos sicofisiológicos de desfase que generan las imá-
genes difractadas del sujeto que, a su vez, producen narcisismo y
paranoia. Es imprescindible que el ideal del Yo sea suficientemente
fuerte, con puntos de referencia estables y eficientes como para re-
gular este sistema. Hemos observado en nuestra lectura psicoanalítica
que las fallas del ideal del Yo en provecho del Yo ideal producen una
perversión del funcionamiento en la constitución del sujeto. Aunque
esta estructura psiquica básica [yo, Yo ideal, ideal del Yo] puede ser
considerada como un invariante, su funcionamiento viene pervertido
por la re-organización de un campo morfogenético debida a la evolu-
ción del contexto sociohistórico; esta reorganización altera los con-
tornos del sujeto cultural. Tal es la hipótesis que quisiera sentar y
tratar de comentar a continuación.

Para mejor entender de qué se trata, acordémonos de que esta
instancia (el sujeto cultural) viene definida como un espacio comple-
jo de sedimentos heterogéneos cuyos estratos operan conforme a un
ritmo y con arreglo a una historia propios, lo cual nos lleva a abarcar
en una sola visión los contextos españoles que atañen a unos pe-
ríodos históricos sucesivos (franquismo, postfranquismo y democra-
cia) y un contexto posterior más amplio representado por el desarro-
llo progresivo del ultra liberalismo. La superestructura ideológica a la
cual me refiero y en la que las evoluciones de la infraestructura no
repercuten de manera forzosamente inmediata y mecánica, revela,
para el período contemplado (1975-2000), algunos trayectos semió-
tico-ideológicos que proceden de estas capas heterogéneas y que se
deconstruyen las unas en las otras. En el trasfondo del caos que cons-
tituyen se puede divisar, sin embargo, una nueva estructura a la cual
se deben atribuir los distintos fenómenos que acabo de mencionar en
mi estudio semiótico anterior. El eje principal que me va a guiar y que
no hemos dejado de observar a lo largo del análisis que precede, es la
antítesis fundamental que opone la coincidencia a la no-coinciden-
cia, la cual en mi estudio sociocrítico cobra la forma de unos fenóme-
nos de dis-sincronía. Estos fenómenos caracterizan en efecto las
modalidades de la articulación de la historia española con la historia
de la Europa occidental, desde el franquismo hasta el postfranquismo
y la institución de la democracia. Es notable el impacto del largo pe-
ríodo 1936-1975, en el plano temático y en la producción de unas
figuras poéticas (la figura de los hermanos enemigos por ejemplo)
pero quizás y sobre todo en el campo de las estructuras profundas
por medio del cuestionamiento del ideal del Yo, y de la figura del
padre más precisamente. La dictadura franquista, en efecto, interio-
rizada como un super Yo tiránico lleva a la desaparición de la figura
del padre, de manera aparentemente paradójica. Se trata de un espa-
cio constituido por un conjunto de nociones sociales y morales y, lue-
go, por unos puntos de referencia cuya pérdida acarrea los procesos
de confusión que hemos observado antes y, más especialmente, la
confusión de los espacios respectivos de la madre y del padre sacada
a luz por Edmond Cros en Demonios en el jardín de Gutiérrez Aragón
(Cros, 1995). Esta indiscriminación resulta re-activada y acentuada
con el desarrollo del ultraliberalismo, justificando las conocidas tesis
de Gérard Mendel (1971).

El elemento principal de la producción discursiva y más repre-
sentativo de la fase socioeconómica del franquismo transcribe, sin
embargo, otra realidad: la de una España que, con arreglo a Europa,
vive en otra época y conforme a un ritmo distinto –dicho con el eufe-
mismo púdico que consiste en describirla como diferente– o, de ma-
nera más explícita, en el debate político donde se enfrentan partida-
rios y adversarios de su integración en la Comunidad Europea que
sólo se realiza en 1986. La evolución de la economía de la península
y la evolución correlativa de las estructuras mentales de los españo-
les, alimentarán una toma de conciencia cada vez más fuerte de este
«retraso» (o desfase) y de la necesidad de remediarlo, de tal forma
que, en el seno de la sociedad, aparecen de manera cada día más
evidente unas fracturas que oponen, en cada una de las dos orillas,
aquellos que todavía viven en el pasado y los que ya están en el por-
venir. Acudiendo a una fórmula de Marc Bloch, calificaremos a este
enfrentamiento de sincronía de lo dis-sincrónico, o sea, de la coinci-
dencia de la no-coincidencia:

"El esfuerzo de adaptación que hacen los unos por hacer coinci-
dir un tiempo presente con mentalidades ancladas en el pasa-
do y la imposibilidad para los demás de aceptar esta puesta al
día transcriben con la mayor nitidez la distancia que separa en
el campo de lo simbólico dos tiempos distintos de la historia. "
(Cros, 1996, pág.20)

Las circunstancias de la postguerra civil convocan este cuestio-
namiento tanto más fuertemente cuanto que obsesiona la imagina-
ción colectiva («l’imaginaire social») desde hace más de un siglo. Sólo
pierde su actualidad cuando el gobierno de Felipe González obtiene
la integración de España en la Comunidad Europea. Notemos de paso
que las mediaciones sociodiscursivas que nos interesan entre la pro-
ducción literaria y la infraestructura no respetan forzosamente los
límites de las fases históricas que solemos distinguir con arreglo a las
evoluciones políticas. Así es como los efectos de la dictadura fran-
quista (directos, indirectos y compensatorios) vienen a deconstruirse
en los efectos de la integración de España en la lógica del ultralibe-
ralismo. Ésta no reconoce más que la ley del mercado y del provecho,
y sólo se atiene a la inmediatez del consumo y de la satisfacción de
los deseos, de manera que ya no hay más espacio para los valores en
que se fundamentan la autoridad y la transmisión. Tales consecuen-
cias re-activan, dos o tres decenios más tarde, los efectos producidos
por la dictadura.

Volvamos ahora un poco más atrás, al período llamado de la tran-
sición, que es capital en todos los niveles: es capital para el proceso
de «europeización» que acabo de evocar.

"De forma general, el criterio imperante en el discurso oficial
español actual es el de «igualar a Europa» y el asunto principal
es, a fin de cuentas, el llegar a «ser europeos»... España ha
dejado de ser «diferente» y pretende ya ser parecida. En este
sentido, el programa modernizador de los socialistas españo-
les puede cifrarse en una palabra, que, posiblemente, nunca
hayan utilizado sus dirigentes y que acuñó Costa a finales del
siglo pasado: la ’europeización’ ". (Serrano, pág.49)

Pero es capital, también, para la construcción de «otra España».
Habrán observado que el discurso que se refiere a la eventual adap-
tación a Europa implica la dialéctica fuera/dentro, exterior/interior.
Ya el calificativo utilizado es elocuente de por sí: no se trata de una
ruptura ni de una continuidad sino de una transición, o sea, de un
presente en el que coinciden el pasado y el futuro. Dicha coinciden-
cia viene transcrita en el nivel de los microfenómenos que analicé
como componentes de una semántica de la difracción (ya...todavía,
es el ejemplo más recurrente y más evidente) en el nivel de la oposi-
ción inmanencia vs remanencia, y por medio de la metamorfosis. Nos
consta que dichos fenómenos se articulan con el discurso social del
momento histórico implicado. Éste expresa una serie de preocupa-
ciones y de debates obsesionados por la política del consenso, cuyas
bases ideológicas se cifran y cuajan en las dos expresiones que se
utilizan para designar y describir este período, siempre presentadas
como sinónimos, o sea postfranquismo y predemocracia. González
Casanova, hablando de esta zona ambigua en la que post y pre se
superponen, o sea, de una zona conceptual donde la democracia está
en el franquismo y el franquismo en la democracia, dice:
"hablar de postfranquismo y no de democracia ya es una pista...
Quiere decir que el postfranquismo y la predemocracia son dos
formas contrapuestas pero en el fondo convergentes de definir
una situación política de transición, lenta y suave, vista por la
izquierda como una agonía prolongada de la dictadura y por la
derecha como una cauta y temerosa adaptación a la temida
democracia o poder político. Aparentemente la predemocracia
sería la reforma y el postfranquismo la ruptura. Pero no es así.
Ni los franquistas han reformado nada ni los demócratas han
roto el poder editorial de los grupos políticos tradicionalmente
dominantes en España." (1986, pág.328)

Ya se entiende perfectamente cómo tal falta de discriminación
–cuyas realizaciones semióticas y semánticas acabamos de sacar a
luz en la producción novelesca española implicada– pudo generar
tanto una poética de la confusión como los efectos compensatorios
que hayan tratado de contradecirla o rechazarla.

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[Tomado de Edmond Cros, El Sujeto cultural, Medellín, Fondo editorial EAFIT, 2002]