DEL CAPITALISMO FINANCIERO A LAS NUEVAS ESTRUCTURAS SIMBÓLICAS NOTA SOBRE DOS IDEOLOGEMAS: REALIDAD VIRTUAL Y TIEMPO REAL:

, por Edmond Cros

Abstract : These two ideologemas (virtual reality and real time) whose structure does set an equivalence between the real and the virtual are, alike any ideologema, vehicules of historic material. They point in fact the process of a production facilities ‘s new economy becoming apparent more particularly with the upheavals which affected the modes and the relations of production and, ultimately, the psychic economy and the discursives modes of the representation.

El signo adquiere su estatus de ideologema gracias a su excepcional fluidez, o sea, gracias a la facultad que él tiene de infiltrarse en un momento determinado de la historia de una sociedad en todos sus campos discursivos. Asoma primero en uno de esos campos como producto de una actividad determinada y saca su significación original de un conjunto de condiciones objetivas que, sobre todo cuando se trata de un neologismo, le confieren una adecuada ubicación en el contexto de un sistema lógico y coherente. Atrae así la atención sobre sí mismo y sobre el nuevo referente que parece introducir. Luego sin embargo empieza un proceso que lleva a separar el signo del sistema original, facilitando su absorbción por otras asociaciones y otros campos semióticos. Desprendiéndose de su primer contexto, el signo, por otra parte, sufre una involución que lo deja falto de cualquier significación y esta aparente vacuidad convoca una materia idelógica vehiculada por su sentido literal desprendido de cualquier contexto. Este producto discursivo en efecto no ha surgido por casualidad. Cuando se entiende de manera literal, o sea, cuando se nos presenta desprendido de las condiciones objetivas que lo han forjado, este neologismo dice algo más de lo que el sistema ‘lógico y coherente’ evocado más arriba le hacía decir (Sobre la noción de ideologema, véase Cros: 2003, cap. 9). Véamos lo que pasa con las expresiones de Tiempo real o de Realidad virtual.
La primera expresión viene empleada con significados distintos que dependen del campo discursivo convocado: en el campo de los medios (radio, televisión, internet, comunicación por satélite) vale por “inmediato”; se utiliza a veces también en la crítica literaria o fílmica para hablar de una ficción en la que la acción se desarrolla al compás de la lectura o del espectáculo. Pero, en realidad, se ha empleado por primera vez en el contexto de las investigaciones llevadas en el campo de la concepción asistida por computadora aplicada a las imágenes animadas. Sirve para distinguir la imágen pre-calculada de la imagen tiempo real, distinción hecha necesaria cuando se trató de perfeccionar la tecnología de las simulaciones de vuelo.

Los simuladores de adiestramiento necesitan tiempos de respuesta compatibles con el aprendizaje del comportamiento reactivo del aparato simulado. Pero los métodos de la réplica realista fundados sobre las leyes de la física llevan a unos tiempos de cálculo a veces muy largos frente a los tiempos de respuesta esperados en los simuladores de vuelo. Por eso se tuvo que imaginar por los años 60-70 materiales específicos […] para acelerar los diferentes tratamientos de la réplica. (Tisseau, Nédélec; ésta y todas las traducciones del francès son mías. E.C.).

Se nota pues por una parte que la expresión de tiempo real, limitada en su origen a un discurso tecnológico, remite a un progreso científico de alcance histórico y cómo, por otra parte, pierde su significación cuando viene transplantada en otro campo de actividad, transformándose en un ideologema. ¿Por qué y cómo? Porque así transplantada, ya no tiene ningún significado que sea de immediato perceptible: se nos aparece, cuando viene utilizada en la televisión por ejemplo, simplemente como un sinónimo de en directo pero, en el mismo momento en que pierde su contenido semántico original, esta misma vacuidad ocasiona la reactivación de otro significado que el sistema original había borrado. Esta expresión en efecto es un oxímoron, la noción de tiempo es un abstracción, el tiempo sólo existe por sus efectos o por la manera como viene empleado; de por sí, no tiene ninguna realidad concreta. De manera que, si nos atenemos a su contenido literal, significa en contra de la lógica, que la abstracción vale por la realidad. Al reproducir esta equivalencia, la expresión de tiempo real reproduce una ideología que cuestiona lo real valorando lo virtual y la abstracción. Se nota pues como la pérdida de sentido (del oxímoron) reactiva otro nivel de significado. Pero esta expresión no pasa de ser un elemento de un conjunto inmerso que nos incumbe reconstruir. ¿De qué horizonte pues procede este nuevo nivel de significación?
El alcance y el contenido ideológicos de este oxímoro resultan más evidentes si contemplamos otra expresión muy similar, la de realidad virtual utilizada por primera vez en julio de 1989 por Jaron Lanier, responsable de la sociedad VPL Research, en el contexto de su estrategia de marketing sin tratar de dar ninguna definición del concepto. «Históricamente la noción de realidad virtual aparece en la encrucijada de diferentes campos de las tecnologías de la informática pero atañe sobre todo a la concepción asistida por computadora y a la informática gráfica que pretenden hacer cada vez más realistas las imágenes numéricas de síntesis.” (Tisseau, Nédélec, ibid.).
El esquema de las dos expresiones es el mismo. Tiempo real // Realidad virtual: el mismo parelelismo acentúa el alcance de la equivalencia enunciada: lo real = lo virtual // lo virtual = lo real. Las dos expresiones pertenecen al mismo campo discursivo pero hay que notar la distancia temporal (decenio 1960-1970 vs 1989) y el desplazamiento, dentro del mismo contexto de actividad, desde el campo de las investigaciones avanzadas (simulaciones de vuelo) hasta la comunicación y el marketing que abren a un espacio y a un público mucho más amplios. El comentario de Tisseau y Nédélec, además es significativo: Lanier no trató de dar una definición precisa de la noción ! Otros tantos indicios que señalan que ésta ya ha derivado fuera del campo discursivo original. Tisseau y Nédélec precisan por otra parte que la expresión de realidad virtual se difunde a partir de 1970. Esta noción se plasma definitivamente con la aparición de los diferentes mundos virtuales creados artificialmente por programas informáticos que se extienden en el último decenio del siglo XX en diferentes sectores de la actividad social (juegos video, arquitectura, urbanismo, etc.). El sujeto viene constantemente solicitado por lo virtual que, poco a poco, lo va apartando de la realidad cotidiana.
Aunque no están nunca definidas precisamente, dichas expresiones saturan en adelante el discurso social, en tanto que siguen cuestionando implícitamente la realidad. Si nos atenemos a las fechas límites (a quo y ad quem ) del proceso de su vulgarización (1970-1989), debemos examinar las condiciones sociohistóricas que puedan explicar el surgimiento de esta estructuración que ha dominado la imaginacón colectiva de los últimos tres decenios, asentada en un estado determinado del progreso tecnológico articulado directamente sobre el aparato productivo. Dicho aparato ha sufrido, desde la segunda mitad del sglo XIX, una evolución que se ha desarrollado en dos grandes fases. La primera, a veces calificada de “revolución tranquila”, empieza al final de la segunda guerra mundial y se corresponde con el período de los ”treinta años de gloria» que termina con el primer «choque del petróleo» (1945-1973). Se caracteriza por un alto crecimiento de la producción industrial alimentado por un desarrollo tecnológico igual de importancia. En Francia, por ejemplo, el índice de la producción industrial con precio constante (con base de 100 en 1938) pasa, desde 1947 hasta 1973, de 99 a 452 (se multiplica pues por 4,50); el crecimiento medio por año es de 5,9. Durante el mismo período ( por lo menos hasta 1971 y la presidencia de R. Nixon) el dólar convertible en oro con tasa fija, de resultas de las decisiones tomadas en la conferencia de Bretton Woods en julio de 1944, constituye una referencia hegemónica estable en el sistema monetario internacional. Es el apogeo del capitalismo industrial. Pero, en el trasfondo, está incubando otro tiempo histórico en torno a las investigaciones que se desarrollan esencialmente en el campo de la informática y de la comunicación que van a traer la subordinación de lo material a lo immaterial, como lo han observado Daniel Bell y Alain Touraine. La primera computadora aparece en 1946 (pesa treinta toneladas) y la comercialización de la informática empieza al final del decenio de los 70. Algo antes, en 1971, empieza un proceso que prepara el advenimiento del capitalismo financiero, con el fin del patrón oro y, luego, el principio de un proceso de especulación sobre las divisas nacionales. El apogeo del capitalismo industrial de los ‘treinta años de gloria’ oculta pues la dinámica que prepara el surgimiento de esta nueva fase del capitalismo. A lo largo del decenio (1970-1980) aparecen algunas nociones que señalan esta transición entre una continuidad y una ruptura: el postindustrialismo de Daniel Bell y Alain Touraine a principios del decenio, La Condition postmoderne: rapport sur le savoir de Jean-François Lyotard en 1979. Estas fechas son significativas en cuanto nos remiten a 1971 y a la desaparición del patrón oro. La equivalencia que se puede registrar entre el postindustrialismo y lo postmoderno señala que la modernidad coincide, en el plan de la imaginación social, con el proceso histórico de industrialización y luego con el capitalismo industrial. Este decenio que termina con la elección de Margareth Thatcher en Inglaterra, la de Ronald Reagan al año siguiente en los USA, y el advenimiento correlativo de las doctrinas neoliberales, constituye una línea divisoria que separa dos tiempos históricos. El impacto de todo lo que implica esta línea divisoria explica que se haya forjado la noción de postmodernidad. Se trata en efecto de una ruptura histórica mayúscula. Remito a mi comentario sobre el ideologema de postmodernidad:

«La expresión que se ha impuesto lo indica: no tiene sentido fuera de la relación a lo que precede; describe un período vivido como una espera, como una época de transición no estabilizada, que no puede ser definida nada más que por relación a la que la precede. El prefijo post sugiere a la vez un balance, una herencia y una fractura. Dicho de otro modo, un campo nocional estructurado alrededor de la continuidad y de la ruptura, lo que no era el caso de la modernidad que transcribía –o al menos parecía transcribir– una ruptura radical con el pasado. Porque “moderno” no es sinónimo de nuevo; lo nuevo tiene vocación de convertirse en antiguo y sugiere un movimiento cíclico. Lo moderno está connotado esencialmente como ruptura; no puede ser reemplazado más que por otro moderno (surgido él mismo de una fractura en relación al moderno precedente) o por lo postmoderno o, incluso, por un neo. Estos juegos de la semántica tienen una dimensión fascinante: la noción de neo que se ha impuesto desde los dos o tres últimos decenios, describe un espacio donde vienen a abolirse dos utopías contradictorias de las que vamos a volver a hablar: la utopía del progreso y la utopía de la tradición, la utopía del futuro y la utopía del pasado, conjunción significativa donde se inscribe de nuevo esta semiótica de la espera, de la perplejidad y, en cierto sentido, del vacío, pero igualmente conjunción de dos simulacros, el de la modernidad y el de lo antiguo, por mediación de la cual la semántica denuncia la inautenticidad y el emborronamiento que afecta nuestros puntos de referencia culturales.» (Cros: 2009, 224-225).

El concepto y la expresión de postmodernidad transcriben pues de manera perfectamente clara un período estructurado en torno a una problemática de la espera y de la perplejidad. De manera más o menos confusa e irracional nuestras sociedades han interiorizado los efectos que anunciaban esta ruptura histórica cuyas causas y consecuencias eran tanto menos perceptibles cuanto que sólo se han borrado progresivamente nuestros puntos de referencia. La desaparición de este punto de referencia fundamental que era el patrón oro ha instalado las esferas financiera, económica y social en la instabilidad. La pérdida de esta referencia no es únicamente un símbolo sino que se nos aparece como un elemento importante de un conjunto de causas que ha generado nuevos espacios económicos y sociales administrados por un nuevo sistema capitalista dominado por la especulación. En adelante, las monedas y el valor material de los bienes y productos ya no van a depender más de cualquier valoración objetiva sino de las fluctuaciones de los movimientos especulativos. La flexibilidad de los cambios monetarios, los nuevos modos de gestión de los flujos de la produccción y de los intercambios simbólicos, sociales y económicos están totalmente sometidos a la valoración de lo inmaterial. Esta ruptura no hubiera sido posible sin esta prodigiosa revolución tecnológica que trajo la informática. El capitalismo financiero surge de manera evidente de este período de gestación evocado má arriba como el producto de una estrecha símbiosis entre las investigaciones científicas y el aparato de producción cuyos efectos vendrán a ser perceptibles en un tiempo histórico algo desfasado en la superestructura ideológica con la constitución y la difusión de las doctrinas calificadas de neoliberales.
En este contexto destacan dos características: la fluidez de los capitales y la globalización de los intercambios. La fluidez es la fuerza oculta manejada por el capitalismo financiero. Ateniéndose a la lógica de las ganancias especulativas de alto rendimiento, la inmovilización duradera del capital en los medios de producción o en proyectos de inversión a largo plazo es contraproducente. Lo cual explica la venta de los activos y la desindustrialización, los despedidos masivos, las subcontrataciones (le incumbe al subcontratista pagar el costo de la inmovilización del capital), la remuneración excesiva de los accionistas a 15% como mínimo en cuanto se debe integrar en el rendimiento de la producción el costo de la inmovilización del capital ya que, en esta perspectiva especulativa, el margen sacado por la actividad industrial tradicional no es suficiente. Liberados de todas las regulaciones nacionales gracias a la fluidez, los capitales pueden en efecto investirse en operaciones de mayor e inmediato provecho. El objetivo ideal es una empresa sin fábrica que sólo produce bienes inmateriales, vendiendo únicamente su patente o su sello tal como Nike que ya no produce nada concretamente y vende únicamente su nombre. (Véase: La domination du capitalisme financier: l’impératif de la fluidité in Wikiverts http//Capitalisme financier).
Se nota pues cómo con lo virtual viene articulado lo inestable generado por la desaparición de todos lo puntos de referencia económicos y sociales. El caso de Nike se puede generalizar y se puede contemplar desde esta perspectiva la evolución del discurso publicitario en el que muchas veces las imágenes destinadas a provocar el deseo de comprar un objeto no tienen objetivamente nada que ver con el artículo que se trata de promover. En este caso sólo se solicita el deseo sin conexión directa con la realidad. El caso de las cotizaciones bursatiles es significativo: las ganancias o las pérdidas quedan virtuales mientras no se venda y cuando la especulación rebasa ciertos límites hablamos de una burbuja que estalla, o sea, de una película llena de aire; los inversionistas no tienen en cuenta la calidad de la producción de una empresa en la que invertir sino las perspectivas de progresión del precio de su cotización.
El capitalismo financiero se caracteriza pues por la desconexión del sistema de producción. La rentabilidad financiera de las inversiones no depende directamente de la producción.
El segundo parámetro es la globalización. Los intercambios internacionales no han dejado de crecer desde el descubrimiento del Nuevo Mundo pero en este transfondo hay que proyectar otro proceso que impactó sobre las superstructuras y los ‘imaginarios sociales’ de los diferentes países. Las dos dimensiones se articulan la una con la otra aunque con algunos desfases. Mientras que en los primeros decenios después de la segunda guerra mundial, con el impacto de los procesos de producción y comercialización estandardizados, la vida social se ha homogeneizado en las economías ‘avanzadas’, conforme al modelo imperial de los Estados Unidos, en los países emergentes al contrario, atrasados por el colonialismo y el neocolonialismo después de las supuestas independencias, los mercados interiores se han instituido y organizado tarde. Esta situación produjo una serie de desfases que han generado sociedades retrasadas que digamos en tiempos históricos que pueden calificarse de pre-modernas en la medida en que han sido las víctimas del saqueo organizado por el capitalismo industrial cuyo modo de intervención impidió la evolución de sus estructuras económicas y sociales internas. La impresión y la misma noción de modernidad corresponden con la interiorización por el sujeto cultural de los efectos que producen tales diferencias en el desarrollo de la producción, diferencias que son agentes de conflictos más o menos graves (Cros: 2003, 178-181). En esta perspectiva la noción de postmodernidad, que aparece al final de los años 70 remite, a mi modo de ver, más o menos directamente a una nueva fase del capitalismo que rebasa los límites anteriores de la modernidad y anuncia el fin programado del capitalismo industrial más allá del cual asoma un tiempo histórico que es imposible todavía de calificar y definir. En esta última fase del capitalismo no sólo se trata de una expansión de los intercambios comerciales de productos manufacturados y materias primas como se dio el caso, aunque con menos amplitud sin lugar a duda, con el capitalismo mercantil y el capitalismo industrial sino de una globalización financiera, o sea, de un mercado mundial de los capitales que genera transferencias instantáneas de un centro bursatil a otro con arreglo a las oportunidades y perspectivas de ganancias. No sólo se trata ya de la circulación de los productos materiales en un espacio/tiempo controlado sino de las ganancias y pérdidas que advienen de manera instantánea y que de momento no son más que virtuales ya que de un segundo a otro la ganancias se pueden metamorfosear en pérdidas. Esta manera de operar que acampa en el mismo corazón del sistema no deja pues de generar instabilidad con todas las consecuencias trágicas evocadas más arriba. Correlativamente acentúa la amplitud de lo virtual ya que estas cifras y estos mensajes que circulan por el mundo por antonomasia virtual de la informática se nos aparecen como totalmente desconectados de la realidad.
Remito a lo que escribía yo referente al campo cultural europeo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la primera guerra mundial (1850-1914) cuando notaba que éste se había organizado en torno a una estructura mayor: impresión vs sensación; tal como se presentaba tanto en el conjunto de las ciencias humanas y sociales como en los respectivos campos de la pintura y de la poesía, esta estructura era el producto del impacto del progreso científico y tecnológico en los campos respectivos de la Óptica fisiológica, de la teoría vibratoria o del descubrimiento de la electricidad (Cros 2011, 19-56). Cuando nos remontamos de las consecuencias a las causas, es este tipo de articulación programada en el campo de la producción, en el mismo centro de la infraestructura, el que observamos en el caso presente.
El campo morfogenético que opera se organiza en torno a la oposición entre lo real y lo virtual que se concreta en formulaciones diferentes (estabilidad vs inestabilidad, limitado vs ilimitado, obstáculo vs fluidez, coacción vs libertad, duración vs intantaneidad, regulación vs desregulación).
Es evidente que la evolución del capitalismo ha impactado directamente los modos y las relaciones de producción. Primero los modos de producción, o sea, “las fuerzas productivas que incluyen la fuerza de trabajo humano y el conocimiento disponible a un nivel tecnológico dado de los medios de producción (v. g., herramientas, equipamiento, edificios, tecnologías, materiales, y tierras fértiles).” Estos factores se han vuelto más complejos y en este plan la revolución de la informática desempeña un papel determinante implicando la función céntrica de la concepcón (en cierto modo todavía inmaterial) del objeto que producir y de las herramientas necesarias para la producción. En el caso de la concepción asistida por computadora el objeto es primero totalmente realizado de manera virtual en los gabinetes de estudio y realizaciones gráficas, trátese de programas industriales o arquitectónicos por ejemplo.La producción es primero virtual. Lo virtual es la primera forma visual de la realidad, o sea, la primera. forma en donde se concreta la imaginación. Desde este punto de vista, la noción de realidad virtual, aunque muy problemática en el plan de la lógica, transcribe perfectamente este proceso. Lo virtual se nos aparece como la primera forma en la que se plasman la abstracción y la imaginación. El estatuto del objeto programado es evidentemente muy distinto de lo que fue en el contexto de la época anterior cuando, en los gabinetes de estudios de los ingenieros, los esbozos gráficos del proyecto se limitaban a las dos dimensiones. La construcción semiótica en la que se desarrolla el concepto de virtual, o sea, el conjunto de las connotaciones y denotaciones estruturado por el concepto, resulta profundamente modificado. Notemos, detrás de la fachada inalterada del significante, el desfase que afecta al referente. Ya lo virtual no es lo que era. Lo que ha venido a ser acentúa su capacidad de adaptación a contextos semióticos distintos y multiplica sus posibilidades de diseminación y de intervención en los campos discursivos heterogéneos y complejos de los distintos sectores de la actividad humana. La desconstrucción que impacta el referente lanza el proceso de diseminación que como lo hemos notado en otras ocasiones caracteriza el funcionamiento del ideologema (Cros: 2009, c.9, 211-247).
Pero esta evolución afecta también a las relaciones de producción, o sea, a las relaciones entre el capital y los asalariados (“estas relaciones son necesarias para poder llevar a cabo la producción de los bienes deseados, y son independientes de la voluntad de los agentes productivos.”) Estas relaciones de producción han sido transformadas por varios factores. Primero por la legislación del trabajo. Remito al decenio de los 70 en el que se prepara la instalación del capitalismo financiero para señalar que se legalizó el interín en Francia por la ley del 03 de enero de 1972 y el contrato temporal por una ley de enero de 1979, aunque la forma actual del CDD (contrato de duración determinada) es de 1990. Este movimiento se acentúa por una parte con la ley relativa a la movilidad y a los recorridos profesionales en la Función Pública (junio 2000) y por otra parte con la ley del 25 de junio de2008 refrente a la modernización del trabajo En el mismo contexto administrativo, este mercado viene pues sometido cada vez más a la instabilidad, que se nos presenta una vez más como el producto de lo virtual que, como lo notamos más arriba, es el resorte principal del capitalismo financiero.
Las relaciones de produción se organizan en torno a las estructuras de dominación, por una parte tal como se organizan y se ejercen y, por otra parte, tal como son disputadas. Nos hemos de atener esenciamente a las empresas del CAC 40 trasnacionales ya que éstas imponen su modelo y sus leyes de funcionamiento à una multitud de subcontratistas por los motivos evocados más arriba. Las nociones de propiedad, responsabilidad, estabilidad que se atribuían al patronato tradicional en el capitalismo industrial ya no valen. El patrón era antes el que poseía y el que mandaba. En los día actuales, el PDG ya no posee nada directamente: sus ganancias no dependen forzosamente del resultado de las actividades de la empresa que lleva. Se dio el caso recientemente de unos PDG cuyos salarios habían sido aumentados a pesar de que sus errores de estrategias o su incompetencia habían perjudicado los intereses económicos de las empresas que dirigian. Una importante parte de sus recursos no es más que virtual ya que depende de la subida virtual de las acciones de la empresa ( los stock options). Esta misma acción no es cotizada con arreglo a la producción efectiva programada o realizada sino con arreglo a sus perspectivas de alza, o sea, de su rendimiento especulativo. La acción en la bolsa es en efecto un activo virtual. Los accionistas que en última instancia son los verdaderos proprietarios no son más que proprietarios virtuales naturalmente instables ya que en cualquier momento pueden decidir vender y privilegiar otras inversiones. Afirmar que estos bienes son virtuales no significa que son imaginarios o faltos de importancia o de interés sino, al contrario, que su misma naturaleza confiere a sus dueños un excepcional poder. Se trata de un poder ciego ya que el accionista desconoce totalmente la empresa en la que tiene invertido su capital y no se interesa por lo que pasa con ella. No se interesa por las perspectivas a medio o a largo plazo. Cuando surge un conflicto no se interesa por su resolución. Sigue exigiendo su rendimiento y nada más !A los partenarios sociales les incumbe hacer lo que sea para garantizar su ganancia! ¡Ser inaccesible es el resorte de su poder! Aunque exige un alto rendimiento a corto plazo, se queda fuera o por encima del campo de producción. La estructura de dominación se organiza pues en torno a un PDG que no es directamente responsable en cuanto la empresa puede perder dinero sin que a él le afecte esta pérdida y cuyo objetivo se cifra en la subida de los activos virtuales de los propietarios accionistas que no tienen una presencia identificable en la empresa. El PDG administra luego un sistema que le permite protegerse tras las exigencias de sus mandatorios anónimos cuyos objetivos comparte en provecho propio. Lo que es interesante notar en este tipo de funcionamiento es la ausencia cínicamente confesada de cualquier motivo racional que no sea el provecho inmediato. Es también y sobre todo la imposibilidad de identiticar a los verdaderos dueños que se supone que son los accionistas, considerados como una masa anónima que no participa nunca en las confrontaciones internas, aunque su presencia ejerce una presión irreprimible sobre la estrategia económico-social. En estas nuevas relaciones de producción y nuevo sistema de dominación, el poder es tanto más implacable cuanto que los que lo ejercen se quedan fuera de alcance y protegidos por el anonimato de la masa (los fondos de pensión por ejemplo). En tal contexto es evidente que la manera como el asalariado vive o contesta las estructuras de dominación, o sea, las modalidades de la confrontación de la lucha de clases ya no es lo que fue durante la fase final del capitalismo industrial. Al final de la segunda guerra mundial, en efecto, la presión sindical en Europa es fuerte: hay que reconstruir todas las economías, la mano de obra es insuficiente y el patronato francés hace una campaña de reclutamiento en África del Norte. En Francia la vida política se organiza en torno al programa del Consejo Nacional de la Resistencia redactado durante la guerra (final del 1943-comienzos de 1944) por representantes de la Resistencia (un comité que reúne a los ‘gaulistes’, los comunistas, los socialistas y los cristianos progresistas) y que pretende construir una verdadera ‘democracia social’ (planificación de la economía, control de los grandes sectores industriales y de los principales medios de producción y de intercambios). La aplicación de este programa no se llevó a cabo sin dificultades esporádicas (la huelga general de los mineros de 1948 reprimida ferozmente por Jules Moch y calificada por el gobierno de Henri Queuille de movimiento insurreccional organizado por el partido comunista). En el contexto de tensión de la guerra fría, la presión de la URSS sobre las políticas interiores de las naciones del oeste europeo interviene en el proceso de las relaciones sociales, cuanto más que parte del gran patronato se había comprometido con la ocupación alemana y los partidos europeos socialistas y comunistas habían participado activamente en la Resistencia. Las condiciones históricas no son propicias para el patronato, facilitando al contrario la construcción de un modelo social específicamente francés. Si comparamos el programa del Consejo Nacional de la Resistencia (CNR) tomando en cuenta sucesivamente cada uno de sus apartados en los campos económico y social se nota con arreglo a la situacón actual un contraste significativo e impresionante que observaba perfectamente Denis Kessler, responsable del sindicato del patronato francés en un editorial publicado por Challenge el 4 de octubre de 2007:

El modelo social francés es el puro producto del Consejo nacional de la Resistencia […] Ya es hora para reformarlo y el gobierno ha emprendido la tarea. Los anuncios sucesivos de las diferentes reformas por el gobierno pueden dar la impresión de un patchwork, de tan variadas como aparentemente son, de importancia desigual, y de distintos alcances: estatuto de la función pública, regímenes especiales de jubilación, reorganización del Seguro Social, paritarismo… Cuando se examina detenidamente se nota la gran unidad de este programa. ¿La lista de reformas? Es muy sencillo. Tomen todo lo que se organizó entre 1944 y 1952, sin excepción. Allí está. Se trata hoy en día de salir de 1945 y de deshacer metódicamente el programa del Consejo Nacional de la Resistencia!

Aunque la opinión de D. Kessler es muy significativa políticamente, no se ha de atribuir sin embargo esta iniciativa únicamente a Sarkozy que acababa de ser elegido como Presidente de la República en 2007. Su programa es un elemento constitutivo de un conjunto de datos que transcriben precisamente los efectos producidos por el capitalismo financiero, tales como los acabamos de evocar. De resultas de las nuevas condiciones económicas, el patronato lleva obviamente la ventaja. La fluidez es el mismo resorte de la creación de valor para el capital financiero en cuanto permite que se invierta en el acto en las operaciones más provechosas sin quedarse impedido por cualquier compromiso en proyectos industriales. Esta fluidez se expresa con la libre circulacón de los accionistas-propietarios y luego su estatuto y sus modos de intervención en las estructuras de dominación que organizan las relaciones de producción. Las estructuras de dominación son parecidas al hurón: están por todas partes pero no se ven nunca; aunque imposibles de encontrar imponen sin embargo sus implacables leyes.
Vemos pues cómo el capitalismo financiero trastorna las relaciones de producción debido a sus dos características principales (fluidez y mundialización). Con el chantaje de la deslocalización y las amenazas del desempleo, las luchas sindicales ya no pueden más que fracasar. ¡Sarkozy se jactaba de haber acabado con las huelgas! El mundo asalariado queda totalmente desarmado. El capitalismo financiero pone por obra objetivamente en los días actuales el desquite del capitalismo que había sido obligado a transigir con las luchas sociales reguladas por las estrategias de los Estados/naciones al final de la segunda guerra mundial. Las relaciones de producción ya no tienen perspectiva de evolución en el contexto de este nuevo capitalismo.
La evolución de las estructuras de dominación se ha de situar con arreglo a la nueva economía psíquica que en opinión de Charles Melman transcribe el fin del patriarcado (Melman: 2002). Referente a esta crisis de las referencias y correlativamente a la rebelión contra el padre (G. Mendel) puesta en escena en los ‘acontecimientos’ del 68, se podría evocar el fin del patrón oro de 1971 señalado más arriba. El fin del patriarcado es en efecto –y el paralelismo con el campo monetario es significativo– la abolición de los límites,la abolición de este espacio «desde donde se legitiman y se mantienen el poder y la autoridad..» (Ibid., 30):

«Cuando se apela a un poder, lo sabéis, sólo es por referencia a lo que sería una autoridad no forzosamente exhibida. Referencia de todas formas sobre la cual se asienta el poder. Hoy en día, con la desaparición de los límites que se evocaba, lo que constituye la autoridad parece venir también a hacer falta. En lo que era nuestra cultura la conjunción entre el espacio de la autoridad y el espacio de lo sagrado era lo normal. El espacio de la autoridad era juntamente donde estaba oculta la divinidad y el lugar desde donde los mandamientos podían sacar su legítimidad. Nadie cuestionaba su conjunción y, por lo mimo, por otra parte, el poder fue durante siglos teológico-político. La política era forzosamente teológica ya que el poder venía de Dios por delegación. Las repúblicas laicas no se han librado nunca de esta herencia.»(Ibid., 30).

El lugar de la autoridad es por razones históricas el lugar de lo sagrado y en este lugar es donde se ha instalado y se ubica el patronato tradicional. Por autoridad hay que entender el conjunto del campo semántico del latín auctoritas que concierne juntamente el derecho (el derecho de posesión), el derecho comercial (lo que establece la confianza), y la ética (un ejemplo o un modelo), otras tantas nociones que avalan y estructuran un campo institucional. Tratando de definir esta estructura antropológica y el espacio en donde acampa en el nivel simbólico debemos distinguir el poder y la autoridad. Es el puesto que ocupa en este espacio lo que le confiere al padre su autoridad: «El lugar del padre en efecto sólo depende del patriarcado. De otra forma el padre es ese tío de hoy, ese buenazo hasta ridículo. ¿De donde saca su autoridad si no es del valor que se da al patriarcado?” (Ibid., 154). En lo simbólico y en el contexto de la vieja economía psíquica inherente al capitalismo industrial, las estructuras de dominación sacaban también su autoridad y su legitimidad por reproducir el modelo del patriarcado. La disyunción que opera con al capitalismo financiero y los estatutos respectivos del PDG y del accionista lleva las estructuras de dominación fuera del campo de lo sagrado y luego de la autoridad. A ninguno de los dos se le considera como legítimo ya que ninguno de los dos representa una referencia estable: en cualquier momento los accionistas teóricamente pueden despedir al PDG y los accionistas pueden en cualquier momento también cambiar sus inversiones. Sólo impera el poder de los propietarios accionistas que, como lo notamos más arriba, no conocen nada de la empresa en la que han invertido su capital y no se interesan por su verdadera y concreta actividad. Quedándose fuera o más arriba de la empresa, el propietario/accionista saca su poder de su misma ausencia y su poder es tanto más fuerte cuanto que él resulta inaccesible. Por algo se habla de la «dictadura el mercado». En el comentario que hace de la nueva economía psíquica, Melman precisa que un padre no puede apelarse a sí mismo. «Y si quiere a todo trance apelarse a sí mismo se trata de un padre violento, brutal, de ésos a los que se denuncia a la justicia.” (153). Melman retoma la idea acorde a la cual la autoridad es lo que limita al poder. Si desaparece la autoridad, o sea, si desaparece el espacio sagrado de referencia, desaparecen los límites del poder. Esta afirmación explica por una parte la extrema agresividad de las estructuras de dominación del capitalismo financiero y por otra la relación que existe entre las estructuras simbólicas y las estructuras socioeconómicas. En esta perspectiva, la nueva economía psíquica se presenta como un producto indirecto de la desaparición del patrón oro que al nivel económico lleva a la pérdida de las referencias y al nivel psíquico al desvanecimiento de lo simbólico inherente al ocaso de la figura paterna y de las figuras de la ley. Melman recuerda el destino de esta figura, “la manera del todo sorprendente […] cómo nos dedicamos a caparla, cómo esta cada vez más prohibida, deshecha, desvalorizada.” (Melman, 26). Pero, en opinión de Lacan, el sujeto tiene aceso al lenguaje, luego a lo simbólico por la metáfora del nombre del padre. Cualquier daño que afecta a la figura del padre es un daño que afecta el orden simbólico ya que la instancia fálica es el pilar de lo simbólico. El ocaso del padre y del patriarcado se articula, pues, en el plano de la nueva economía psíquica, sobre el fin del patrón oro que interviene en la esfera financiera. Eso no significa que esta referencia sea el único factor que destacar aunque se nos presenta como un fenómeno significativo de lo que pasa en el proceso histórico. Junto con otros efectos que quedan por reseñar esta referecia atrae la atención sobre sí misma, remitiéndonos a un momento histórico en el que súbitamente todo queda trastornado. Como ya lo notaba más arriba no se trata sencillamente de un símbolo sino que la pérdida de esta referencia se nos aparece como un elemento entre otros más que han establecido nuevos espacios económicos y sociales administrados por un nuevo sistema capitalista dominado por la especulación.
Con eso regresamos a aquel período de gestación que se ha desarrollado en el trasfondo de los “treinta años de gloria” durante el cual se incubaba el proceso que había de poner por obra la nueva economía del aparato de producción. Ésta se manifiesta más especialmete en las alteraciones de los modos y de las relaciones de producción y, en última instancia, de la economía psíquica. Queda sin embargo por precisar los efectos/trazas de esta economía en otro nivel de la superestructura que es precisamente el nivel del lenguaje y de la representación. Hemos notado cómo, considerados como dos ideologemas, las expresiones de realidad virtual y tiempo real son unos vehículos ideológicos de alcance histórico pero no son más que dos ejemplos entre otros más. Citemos a guisa de ejemplo ciertas características del discurso televisivo por ejemplo: contrasentidos en el empleo de las articulaciones linguísticas, contradiccciones entre lo que afirma la presentación de un tema y los detalles que vienen a continuación, acontecimientos trágicos evocados con una sonrisa, error o ausencia de puntuación en la dicción que lleva a veces a mezclar dos datos distintos que resultan por lo tanto difíciles de entender u, otras veces, a separar una afirmación de su desarrollo lógico. No se debe atribuir esos errores a tal o cual locutor sino a la evolución de una práctica discursiva específica debida a algunas condiciones determinadas. Son ejemplos aparentemente insulsos pero transcriben la disyunción que separa la realidad de su representación por el lenguaje. Ya no se distinguen los diferentes registros discursivos: lo trágico se confunde con lo trivial aunque las más de las veces se privilegia la emoción. Se mezclan todos lo registros: así es como, comentando la dimisión (?) o la renuncia (?) del Papa Benedicto XVI, una locutora francesa del canal Arte utiliza sucesivamente dos metáforas que proceden, la primera, del discurso deportivo sobre el boxeo (“il a jeté l’éponge”); la segunda, del juego de los naipes (“il passe la main”). Por otra parte, esta pérdida de las estructuras linguísticas que altera el sentido pervierte la misma naturaleza de la lengua. Mientras que en este discurso televisivo reina el caos donde todo está en todo, la lengua sin embargo es un sistema esencialmente organizado en torno a la diferencia, “no tiene ideas ni sonidos que preexistirían al sistema linguístico sino sólo diferencias conceptuales y diferencias fónicas que proceden de este sistema […] Un sistema linguístico es una serie de diferencias de sonidos combinados con una serie de diferencias de ideas."( F. de Saussure: 2007, 166, la traducción es mía, E.C.). El signo linguístico, que en la economía clásica, se utiliza para representar el objeto, ya no desempeña su función de metáfora, ya no hace las veces de, en cuanto el objeto ya está presente y no está representado por la lengua. La nueva economía psíquica “trata de sustituir la imagen a la palabra.» (Melman, 110). “Finalmente, es como si se estimase con este tipo de funcionamiento nuevo y las nuevas posibilidades que ofrece, que se puede abandonar la metáfora…” ( J.P. Lebrun in Melman, 29). “[…] el francés -escribe Melman-, viene a ser más icónico que verbal, la imagen […] ya no funciona como representación sino como presentación” (Ibid.) El ocaso de la función de representación del signo, la desaparición de su función metafórica implican una total confusión del signo y del significante ya que el objeto ya está presente antes de que la palabra lo represente. La nueva economía psíquica se caracteriza de esta forma por una regresión del orden de lo simbólico, que, con el sistema de la lengua estructura la realidad por medio de la diferencia, al registro de lo imaginario en el que (en el estadio del espejo por ejemplo) la noción de semejante desempeña un papel céntrico y en el que todo está en todo. El orden simbólico excluye en efecto la discriminación y la contradicción.
De situar en este contexto las dos expresiones que nos interesan, (realidad virtual, tiempo real) pierden, digamos, su estatuto de oxímoron. No son más que dos productos de las nuevas estructuras simbólicas y por eso mismo su empleo, aunque es muy discutible, no llama la atención ni se cuestiona en una sociedad avezada a esta perversión de la palabra. Productos de la nueva economía psíquica son también y más directamente puros productos de la economía socioeconómica. Esta equivalencia es significativa ya que pone de relieve una vez más la estrecha articulación de la estructura ideológica sobre la infraestructura socioeconómica.

BIBLIOGRAFÍA

Cros, E., 2009, La Sociocrítica (Traducción del francés por Francisco Linares Alés y Carmen Ávila Martín), Madrid, Arco/Libros, Colección Perspectivas, Biblioteca de Teoría Literaria y Literatura Comparada.
Cros, E., 2003, El Sujeto cultural, Medellín, Colombia, Fondo cultural, Universidad EAFIT.
Melman, C., 2002, L’homme sans gravité, Denoël, Folio, Esais.
Saussure, F. de, 1916, Cours de linguistique générale (Ed de Tullio de Mauro), Paris, Payot, 2007.
Tisseau, J., A.Nédélec, A. “Réalité virtuelle: un contexte historique interdisciplinaire” http// Réalité virtuelle,http//wiki-les-verts…capitalisme financier